Antonio Muñoz Ballesta: Realismo Liberal
jueves 15 de marzo de 2012
domingo 11 de marzo de 2012
Nietzsche

Friedrich Nietzsche estudió filología clásica en Bonn y Leipzig. Con sólo veinticuatro años se le ofreció una cátedra en la universidad suiza de Basilea. Allí trabó amistad con Richard Wagner, al que al principio admiró mucho y con quien tuvo una sonada ruptura. Publicó “El origen de la tragedia” que le granjeó la enemistad con sus colegas más conservadores. Debido a esto y a su mala salud dio al traste con su carrera académica: “ tuve que elegir entre ser catedrático de filología o un dios, y elegí lo segundo…”
Vivió sin lujos, de su herencia paterna. Vagabundeo por los Alpes suizos y el Norte de Italia publicando obras más que notables pero ignoradas por casi todo el mundo.
Conoció a Lou Andreas-Salomé, joven hermosa, culta y de origen finlandés, que rechazó su oferta de matrimonio para casarse con uno de sus mejores amigos.
La salud física y sobre todo mental de Nietzsche se deteriora cada vez más. Durante una estancia en Turin se abrazó llorando a un caballo extenuado por los azotes de su amo. Los últimos diez años de su vida los pasó sumido en una demencia más o menos pacífica al cuidado de su hermana Elisabeth, quién se dedicó a editar sus libros con más instinto comercial que fidelidad.
Nietzsche fue un seguidor de las doctrinas de Schopenhauer. Contempló el mundo como una realidad caótica y atroz, llena de dolor y carente de piedad, sin un sentido ni una finalidad superior y armoniosa. Darwin con El origen de las especies acaba con la superstición de que el funcionamiento de los seres naturales responde a un plan creador, en realidad, lo que predomina es una selección marcada por la supervivencia de los mejor adaptados a su medio. No hay un objetivo final, sólo el “sálvese quien pueda” en la tormenta inmisericorde de la vida.
La diferencia fundamental entre Schopenhauer y Nietzsche es que el primero no espera nada mejor que el nirvana, la aniquilación renunciativa, mientras que Nietzsche se enfrenta al dolor ateo para aceptar la vida tal cual es, absurda y trágica, con sus momentos de éxtasis glorioso y sus terribles sufrimientos.
Se trata de amar la vida. Pero el amor a la vida impone también amar sus aspectos atroces y despiadados.
Por tanto, es preciso cambiar nuestros valores morales, basta ya de recomendar resignación, humildad, sacrificio, ternura y de ensalzar al débil como si por serlo fuese “bueno”; los valores deseables son en realidad la fuerza y la audacia, la energía y el orgullo. El fuerte y el valeroso no es culpable de su afirmación vital y, por tanto, el resentimiento de quien le teme o le envidia desde su flaqueza no es fuente de mérito ni fundamento de normas morales dignas de tal nombre.
Schopenhauer había convertido la ciega voluntad en fundamento de lo real. Para Nietzsche existe en el hombre la posibilidad de la voluntad de poder, es decir, la capacidad de ir más allá de uno mismo por medio de la creación y el júbilo que a veces destruye par inventar luego mejor.
El ser humano proviene de formas inferiores como demostró Darwin, pero no es el final del camino: más allá está el superhombre, capaz de vivir gozoso sin creer en recompensas ultramundanas y también de soportar su soledad de individuo creador. El superhombre acepta el eterno retorno de cada momento, es decir, acepta que todo pasa y vuelve de modo infinito pero siempre merece ser asumido con un eterno “Sí”
Su libro más célebre Así habló Zaratustra, es una especie de poema didáctico que remeda a la Biblia y a obras religiosas orientales. Su pensamiento original y provocativo “Yo no soy un hombre, soy dinamita” están expuestos en obras de alto rango literario compuestas en forma de aforismos y breves textos.
sábado 3 de marzo de 2012
Hume
La obra Investigaciones sobre el entendimiento humano es de 1748, pero la obra principal de Hume es el Tratado de la naturaleza humana de 1740, que no obtuvo el reconocimiento que esperaba.
An enquiry concerning human understanding , Londres 1748, es un librito de teoría del conocimiento y consiste en ensayos que reemprenden los temas centrales del libro primero del Tratado sobre la naturaleza humana, de ocho años antes y aborda temas nuevos. En el ensayo introductorio desarrolla el proyecto de una “metafísica crítica” en el sentido de una filosofía crítica contra la metafísica tradicional. Sólo una metafísica sin espíritu crítico, dice Hume, corre el peligro de convertirse en escondrijo de la superstición y del error. En los dos ensayos siguientes formula los dos teoremas básicos de la teoría de la conciencia, a saber, las doctrinas según las cuales todas la representaciones ( ideas) de nuestra mente se remontan a impresiones ( impressions), y las representaciones compuestas ( complex ideas) se forman por asociación a partir de las representaciones simples ( simple idea).
An enquiry concerning human understanding , Londres 1748, es un librito de teoría del conocimiento y consiste en ensayos que reemprenden los temas centrales del libro primero del Tratado sobre la naturaleza humana, de ocho años antes y aborda temas nuevos. En el ensayo introductorio desarrolla el proyecto de una “metafísica crítica” en el sentido de una filosofía crítica contra la metafísica tradicional. Sólo una metafísica sin espíritu crítico, dice Hume, corre el peligro de convertirse en escondrijo de la superstición y del error. En los dos ensayos siguientes formula los dos teoremas básicos de la teoría de la conciencia, a saber, las doctrinas según las cuales todas la representaciones ( ideas) de nuestra mente se remontan a impresiones ( impressions), y las representaciones compuestas ( complex ideas) se forman por asociación a partir de las representaciones simples ( simple idea).
Los principios de asociación son la semejanza ( resemblance), la contigüidad espacio-temporal ( contiguity) y la causalidad ( cause or effect). Los cuatros ensayos siguientes son disputas contra el escepticismo radical. El punto de partida de la obra es la distinción entre relaciones de ideas ( relations of ideas) y cuestiones de hecho ( matters of fact). Según Hume, solamente las relaciones de ideas proporcionan certeza. En efecto, los hechos nunca pueden ser necesariamente verdaderos.: ¿ qué pretensión de validez tiene el saber experimental logrado inductivamente? La respuesta de Hume es psicologizante. Por la costumbre formada por la repetición de experiencias esperamos con seguridad determinadas relaciones estables. La vida cotidiana “funciona” así, pero la teoría tradicional de la causalidad no puede mantenerse por más tiempo si la sometemos a la crítica empirista: en la experiencia de la causalidad se dice que hay, que se hace presente, una fuerza o power, energy, force, que une entre sí los sucesos en cuestión, la causa con el efecto, o de que en tales experiencias percibimos un enlace necesario ( necessary connexion). Frente a esto acentúa Hume que empíricamente es inaccesible la fuerza que une entre sí una causa y un efecto y que la “necesidad” de las relaciones causales NO es objeto de experiencia . En este sentido, los enlaces causales permanecen también como meros hechos y no pueden alzar ninguna pretensión de necesidad. Por eso la conexión entre causa y efecto no debe entenderse como una conexión necesaria, necessary connexion, , sino más bien como una conjunción constante ( constant conjuction). Hume también trata del tema de la libertad y la necesidad bajo la perspectiva de la teoría del conocimiento; para la historia es relevante saber si la acción humana es libre o está determinada. El núcleo de la respuesta de Hume es la crítica a ese problema como una cuestión de palabras, el problema desaparece si distinguimos entre determinabilidad y explicabilidad, por una parte, así como la separación de la perspectiva del que actúa y la del histórico que explica, por otra. El actor interpreta y experimenta que él es libre en su decisión, que ésta está indeterminada por completo, pero el historiador ( y él , Hume, es el autor de la Historia de Inglaterra) puede explicar una acción determinada por sus causas, es decir, ofrecer una explicación causal de los hechos históricos. El famoso ensayo 10 sobre los milagros está relacionado con la metodología de la investigación histórica. Hume deduce la imposibilidad de un milagro ya por su simple definición, como por la violación de una ley de la naturaleza, y después, analiza los presupuestos de la creencia de los testigos históricos en los milagros o hechos históricos. El ensayo 11 es un diálogo como su obra Diálogos sobre religión natural, y trata de la posibilidad de demostrar la existencia de Dios, del problema de la teodicea y la relación entre religión y moral, pero siempre con la condición de que la religión no esté deformada por la superstición y el fanatismo. Y el ensayo 12 termina con el postulado fundamental de Hume: “ sé filósofo, pero en medio de toda tu filosofía sigue siendo un hombre”. El filósofo ha de aspirar a una forma de vida “ media”. Definición que proviene de la praxis de la vida en el que el pirronismo o escepticismo radical se revela como un error, pero argumenta contra él, no desde el punto de vista epistemólogico, sino el punto de vista pragmático pues el pirronismo carece de utilidad, no puede ser entonces una persuasión real. Hume defiende el escepticismo moderado o académico, que consiste en una teoría crítica del conocimiento, pragmáticamente controlada, que permite tanto una praxis ordenada, como una forma autocrítica de teoría. Esta obra dio a conocer rápidamente la filosofía de Hume entre sus coetáneos.
Tratado sobre la naturaleza humana, un intento de introducir el método experimental en las ciencias morales humanas o del espíritu ( A tratise of human nature, being an attempt to introduce the experimental method of reasoning into moral subjetcts).
Es la gran obra de Hume y de la que sacó las dos Investigaciones. Abarca, pues, la filosofía teórica y la práctica. El núcleo de su filosofía está aquí. Pretende fundamentar una ciencia empírica universal de la naturaleza humana, como hizo Newton, pero en las ciencias del espíritu humano. Formula, pues, un conjunto de leyes sencillas del espíritu o mente humana, que además sean universalmente válidas, que han determinado el pensamiento, el sentimiento y la acción de los hombres en todos los tiempos y en todas las culturas.
Este conjunto es la naturaleza del hombre.
Hume sabe que las ciencias del espíritu humano tienen el inconveniente metodológico de que no pueden hacer “ experimentos” como en la ciencia moderna natural. Pero sí deben seguir el espíritu de atenerse a la experiencia , a lo empírico y “ dejarse de hipótesis” como dijo Newton.
El experimento en las ciencias naturales es sustituido por la investigación histórica en las ciencias del espíritu. Esa es la clave para entender a Hume.
La filosofía del entendimiento o conciencia es atomista y estrictamente empírica, pues explica la aparición de las ideas complejas como el resultado de la asociación de ideas simples; y los principios de asociación son la semejanza, la contigüidad y la causalidad. Y todas esas representaciones o ideas, a la postre, se remontan a impresiones.
En el Tratado ya hace la fundamental distinción entre las cuestiones de hecho o matters of fact y las relaciones de ideas o relations of ideas; así como la crítica a la teoría tradicional de la causalidad.
Estas son las claves de su empirismo y, por tanto, concluye:
1) sólo las relaciones de ideas proporcionan certezas
2) las inferencias causales NO descansan en una intuición de la necesidad, sino en mecanismos psicológicos de la asociación.
3) Estas dos tesis derriban nuestra confianza ingenua en la supuesta certeza en las inferencias causales o inductivas garantizadas empíricamente. Por lo que la certeza tiene que ser sustituida por la CREENCIA verdadera o justificada ( Belief).
4) Por lo que los conceptos metafísicos tradicionales pierden su fundamento.
En el libro 2 del Tratado Hume analiza las pasiones humanas con un giro psicológico y no dogmático racionalista.
El núcleo de la antropología o cómo entiende al ser humano Hume es el NATURALISMO.
Es decir, la doctrina que afirma que los hombres NO están determinados por su razón exclusivamente, sino por sus AFECTOS, y de que esto tiene que ser así: “ la razón es y debería ser solamente esclava de las pasiones, y no puede pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas”.
Junto con el amor, el odio, la soberbia y la vergüenza – como afectos más importantes- Hume analiza la SIMPATÍA o facultad especial de identificación emocional con otros hombres y con sus intereses y actitudes.
La base de los juicios morales no está en la razón, sino en un moral sense o dimensión afectiva de la conciencia. También pensaban así Shaftesbury y Hutcheson.
En el libro 3 analiza la ética, la teoría del estado y la política: el estado y las instituciones jurídicas son necesarios pues el hombre está determinado por sus afectos, pero estos ponen en peligro la estabilidad de la sociabilidad por cause de su egoísmo.
De ahí la necesidad de la mediación entre los intereses privados y públicos. Para que el hombre sea feliz en su acción requiere la certeza de que son fiables determinados datos sociales por los que él, precisamente, orienta su acción.
Así, el Estado tiene la función de dar la base de “ seguridad y orden” a la acción individual.
Los fundamentos de esta seguridad social son la propiedad, el carácter vinculantes de las promesas(contratos), y la justicia social o justicia distributiva.
La teoría de las virtudes en Hume se basa en la distinción entre las virtudes personales y la sociales y entre las virtudes naturales y artificiales.
Las virtudes despiertan simpatía en los otros pues se perciben como propiedades que producen bienestar, así las virtudes sociales como la benevolencia y la justicia, contribuyen al bienestar de otros hombres. Las virtudes personales, como la prudencia y la valentía, contribuyen a la dicha de quien las posee.
Por eso las virtudes sociales se tienen en más alta estima.
Las virtudes naturales como la gratitud, se desarrollan a partir de orientaciones afectivas. En cambio, las virtudes artificiales, como la justicia, la fiabilidad, la lealtad política son aprendidas justamente a través de la experiencia de su utilidad para conservar la seguridad y el orden.
Hay un giro de la filosofía moral hacia lo político y por ello Hume analiza más las virtudes artificiales que las virtudes naturales.
Una investigación sobre los principios de la moral ( An enquiry concerning the principles of morals ).
Hume sigue la tradición de la moral de Shaftesbury y Hutcheson. Las valoraciones morales nacen de las emociones pero sin negar la función del entendimiento en estos procesos.
La ética de Hume es una ética pragmática consecuente.
¿Cómo enjuiciamos de hecho la acción de otros hombres y la propia? No le interesa saber si ese juicio es racionalmente correcto o no, como hacían los dogmáticos.
Describe y no prescribe.
Las virtudes ( sociales) reciben adhesión y alabanza porque son útiles para la comunidad pues ayudan a su estabilidad y progreso.
El valor de la benevolencia y de la justicia, que son virtudes cardinales de la sociedad, dependen del tipo de sociedad, así, si la sociedad es opulenta o si está en extrema privación, entonces, son valores que no se aprecian mucho.
Por eso, eso obvio, dice Hume, que la benevolencia o la justicia NO tiene ningún valor en sí mismo. Ese valor lo reciben de su relación con la utilidad pública.
Pero ¿por qué la utilidad para el bien común nos agrada naturalmente?
La respuesta de Hume es que los hombres tienen una SIMPATÍA o sentimiento de afinidad (fellow-feeling) o humanidad ( humanity) entre sí y tienen un interés natural por lo que afecta a la comunidad o sociedad y sienten una alegría espontánea por todo la que fomenta y es útil.
Esta es la investigación moral de Hume.
Hume se centra en diferenciar su ética de la simpatía de la variante egoísta del utilitarismo.
El agrado de las virtudes sociales está ya en la emoción originaria de la simpatía. En el agrado de la utilidad social se expresa inmediatamente una sociabilidad originaria del hombre, que hace superfluos los rodeos a través de reflexiones egoístas.
Antropología optimista, la de Hume. Y las virtudes personales como la diligencia, el sentido del orden, etc., también son valoradas positivamente de forma natural. Por lo que ni el egoísmo ni la reflexión sobre la utilidad social no son la única fuente de la valoración social de las virtudes.
También los hombres están interesados por su propia utilidad incluso hasta el egoísmo. Por eso es necesaria una institución que vigile el seguimiento de los mandamientos morales por parte de los ciudadanos particulares. Es la sociedad constituida estatalmente ( political society).
Las virtudes son agradables o útiles, para quien las posee o para los otros.
Por lo que para Hume : LAS VIRTUDES MONACALES, COMO POR EJEMPLO EL CELIBATO, EL AYUNO Y LA NEGACIÓN DE SÍ MISMO, no aportan nada a la utilidad o al agrado personal o social y por tano NO SON VIRTUDES en el sentido del humanismo pragmático del filósofo de Edimburgo, y más bien son VICIOS.
Lo bueno es lo que fomenta la sociabilidad originaria de los hombres.
Esta obra influyó en los filósofos utilitaristas clásicos del siglo XIX: Bentham, John Stuart Mill.
sábado 25 de febrero de 2012
HUME
Crítica a los conceptos metafísicos de conexión necesaria de la causa y efecto, substancia, Yo, Dios y Mundo.
No tenemos conocimientos de hechos futuros pues no son impresiones actuales ni recuerdos ( ideas) actuales de impresiones pasadas.
Tenemos inferencias causales de los fenómenos futuros. La idea de causa y efecto se deriva de la experiencia de Paulina R. y de todo la gente normal, y nos indica que ciertos objetos particulares han estado constantemente conectados entre sí en todos los casos pasados ( ej.lluvia y mojarse).
Pero ¿ qué es la causa en " el fuego es la causa del calor" ? Se entiende que causa aquí es una conexión necesaria entre la causa y el efecto, entre el fuego y el calor.Así, que creemos conocer con certeza que dada la causa el efecto se producirá necesariamente.
Pero de la conexión necesaria entre ambos hechos o fenómenos no tenemos impresión, por lo que no deriva idea verdera de ella. Observamos que hay conexión constante pero realmente no sabemos que el fuego vaya a calentar el agua. Creemos, suponemos que sucederá así, pero saberlo a priori y por el análisis del fenómeno fuego, no.
Pero esta creencia ( cierta afección o sentimiento) se convierte en certeza por hábito o costumbre. La razón no puede nunca convercernos de que la existencia de un objeto o fenómeno deba implicar la del otro.
Para Hume la Metafísica es un saber abstruso, dogmático, y que nos lleva a la superstición.
Una pequeña dosis de pirronismo aplaca el orgullo de los teólogos y filósofos dogmáticos.
Hume adopta un escepticismo moderado inspirado en Pirrón.
Es un escepticismo consecuente con el análisis de las facultades mentales desde el análisis y crítica que hizo la ilustración a la edad media.
Es decir, si lo que conocemos son nuestras percepciones, y no las cosas directamente, nada nos asegura racionalmente de la existencia de un mundo exterior. Pero resultaría absurdo y peligroso negar la existencia del mundo exterior y actuar en consecuencia ( escepticismo absoluto).
La vida cotidiana , las creencias, va eliminando este escepticismo absoluto. La viveza de las impresiones basta par fundar la creencia en un mundo exterior.
El escepticismo moderado de Hume nos cura del dogmatismo de los metafísicos y nos hace reconocer las limitaciones de nuestro entendimiento y así nos ahorra tener que abordar cuestiones abstrusas. Y la más abstrusa de todas es la que se refiere al concepto metafísico de SUBSTANCIA, ya sea substancia corpórea: el sujeto de las cualidades percibidas, ya sea substancia espiritual: el yo o sujeto de la actividad mental. Hume no hace concesiones en este tema como sí hizo Locke que consideraba que sí admitía la existencia de substancias, pero lo considera como algo desconocido. Para Hume a nuestra idea de substancia o yo no corresponde impresión alguna.
La palabra SUBSTANCIA designa un conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. Por lo tanto el concepto clave de la Metafísica, la SUBSTANCIA, carece de valor. La Metafísica es una ilusión. Hume critica por tanto la Substancia Yo, Mundo y Dios.
La certeza sobre los hechos futuros, hechos no observados en la actualidad, no se apoya en la razón o conocimiento, sino en la creencia.
Tal creencia nos sirve para la vida cotidiana ¿Hasta dónde es posible extender la certeza basada en la inferencia causal?
La respuesta está en el mecanismo psicológico de la costumbre o hábito.
La inferencia causal solamente es aceptable entre impresiones. Podemos pasar de una impresión a otra, pero no de una impresión a algo de lo cual nunca hayamos tenido experiencia.
De ahí se concluye las críticas a los conceptos metafísicos de Mundo, Dios y Yo.
La realidad exterior (Mundo) o realidad distinta a las impresiones, exterior a ellas, es una incógnita (X).
Locke hizo la inferencia causal de que los cuerpos debían ser algo, sustancia, que aunque no se supiera qué era, era algo pues causaban nuestras impresiones.
Pero, como vemos, para Hume esa inferencia causal es inválida pues no va de una impresión a otra impresión. Cuando la inferencia causal va de una impresión a otra supuesta realidad o sustancia que está más allá de ella y de la cual no tenemos experiencia, entonces se produce un concepto metafísico o abstracto.
La creencia en la existencia de una realidad corpórea distinta de nuestras impresiones es injustificable apelando a la idea de causa.
Con Dios, Hume se encuentra con el mismo problema, la inferencia causal con la que Locke afirmó la existencia de Dios, es inválida porque no va de una impresión a otra.
Se va de las impresiones a Dios, que no es objeto de impresión alguna.
La pregunta es obvia: ¿De dónde vienen las impresiones si no vienen de X, ya sea del Mundo como decía Locke o de Dios mismo como decía Berkeley?
Hume no tiene respuesta para esta pregunta.
O, mejor, Hume afirma que no podemos saberlo pues querer contestar a esta pregunta es ir más allá de las impresiones y las impresiones constituyen el límite de nuestro conocimiento y también el origen.
El YO como substancia también es otro concepto metafísico.
Y es así pues tiene que haber una impresión que dé origen a cada idea real. Pero el YO o persona NO ES NINGUNA IMPRESIÓN, sino aquello a que se supone que nuestras impresiones distintas e, incluso nuestras ideas, tienen referencia.
Si hubiera alguna impresión que origine la idea del YO, entonces, esa impresión debería seguir siendo invariablemente idéntica durante toda nuestra vida, pues se supone que el YO existe de ese modo.
Pero no existe impresión tal, que sea constante e invariable. Al contrario, como todo el mundo puede comprobar, “ dolor y placer, tristeza y alegría, pasiones y sensaciones se suceden una tras otra, y nunca existen todas al mismo tiempo”. Luego la idea del YO no puede derivarse de ninguna de estas impresiones, ni tampoco de ninguna otra.
Y, en consecuencia, NO existe tal idea del YO.
Es decir, Hume afirma que no existe una supuesta intuición de mí mismo, como decía Descartes, pues solo tenemos intuición de nuestras impresiones o ideas, y ninguna impresión o idea derivada de ella, es permanente, sino que se suceden unas a otras de forma interrumpida.
Entonces ¿ cómo es que el sujeto tiene conciencia de ser el mismo que antes de estar leyendo esto estaba en el pasillo a punto de entrar a la clase de filosofía o estaba contemplando el paisaje o escuchando música de Mozart ?
La conciencia de la propia identidad se explica por la memoria.
Gracias a la memoria reconocemos la conexión que existe entre las distintas impresiones que se suceden. El error consiste en que confundimos la sucesión con la identidad.
Si no tuviéramos memoria no tendríamos nunca noción alguna de CAUSALIDAD y, por consiguiente, tampoco de esa cadena de causas y efectos constitutiva de nuestro YO o persona.
De las tres realidades o sustancias del racionalismo cartesiano, el YO o sustancia cognoscente no se demostraba recurriendo a la inferencia causal, a la causa, sino como objeto de la intuición inmediata del “je pense, donc je suis”. Y también Locke defendía la existencia de esa substancia cognoscente.
Pero Hume también la considera un concepto metafísico pues va más allá y es distinta de nuestras impresiones e ideas derivadas de ellas.
Hume concluye, por tanto, que debemos aceptar el escepticismo moderado y el fenomenismo y no caer en el dogmatismo racionalista.
El conocimiento humano es un entramado de impresiones e ideas que se asocian ( 3 leyes de asociación) unas con otras.
Las impresiones son elementos últimos y primeros de los cuales ya no podemos encontrar fundamento alguno. En cambio para Descartes el fundamento era Dios.
Y a las percepciones (impresiones e ideas) , que aparecen asociadas entre sí, NO es posible tampoco descubrir conexiones reales entre ellas, sino solamente su SUCESIÓN y CONTIGÜIDAD.
No conocemos ni un YO que sirva de sujeto a las percepciones, ni un MUNDO o DIOS que les sirva de causa.
La realidad conocida se reduce a meras percepciones o fenómenos y por tanto lo racional es ser escéptico.
En resumen: hay dos principios que no se pueden hacer compatibles ( aunque tampoco está en mi poder el renunciar a ninguno de ellos).
1º- todas nuestras percepciones distintas son existencias distintas.
2º- la mente humana no percibe jamás conexión real alguna entre existencias distintas.
En el Tratado y en la Investigación realiza Hume un desarrollo del empirismo más acabado que el de Locke o Berkeley. El empirismo de Hume se asienta en los siguientes principios:
- Principio empirista:
La razón no puede nunca engendrar por sí sola una idea original ( Tratado,1,3,14)
Todos los materiales del pensar se derivan de nuestra perceción externa o interna, por lo que nuestro pensamiento está reducido a límites muy estrechos, aunque parece poseer una libertad ilimitada.
-Principio de inmanencia: Nada puede estar presente a la mente, sino una imagen o percepción, es decir, representaciones de los objeos, pero no los objetos mismo como en el realismo clásico o medieval. Los sentidos son conductos pero no son capaces de producir un contacto inmediato entre la mente y el objeto.
- Principio de copia o principio de correspondencia: Todas nuestras ideas no son sino copias de nuestras impresiones, es decir, que nos es imposible pensar algo que no hemos sentido previamente con nuestros sentidos externos o internos. No existen ideas innatas (nacidas con nosotros) pues todas nuestras ideas son copias o restos en la memoria o en la imaginación de las impresiones. Pero, dice Hume, si " innato" tiene el sentido de natural, entonces, todas nuestras percepciones son innatas, por ejemplo nuestro amor propio; o si "innato" quiere decir lo que es original y no copiado, entonces, sólo las impresiones son innatas (Inv.2).
El principio de copia es un criterio de discriminación y así dice Hume: cuando una idea es ambigua, siempre se puede recurrir a la impresión correspondiente que la puede convertir en clara y precisa.Cuando sospechamos que un concepto filosófico o metafísico no está aparejado a ninguna idea, como es muy común, se pregunta siempre ¿ de qué impresión deriva esta idea? y si no puede remitirse a ninguna impresión, concluimos que el término o concepto en cuestión carece de significado. De esta manera podemos examinar nuestra idea de SUSTANCIA y de ESENCIA, y sería de desear que este método riguroso se practicara más a menudo en los debates filosóficos y teológicos.
- Principio de asociación de ideas: leyes de semejanza, contigüidad espacio-temporal y ley de causa-efecto. Las ideas están conectadas en la mente. La imaginación tiene un gran poder y libertad y combinar a su gusto las ideas, pero una cosa es la fantasía y otra la creencia. También existen, en las ideas en sí mismas, una especie de atracción, que tiene en el mundo mental efectos tan extraordinarios como en el mundo natural, aunque sus causas sean en gran parte desconocidas. Esta atracción es como una fuerza suave que normalmente prevalece. Al igual que Newton, Hume las reduce a tres leyes.
- Principio de negación de las ideas generales o abstractas: Es el nominalismo que deriva de Occam y la solución al problema de los universales en la Edad Media. Sólo existen ideas particulares vinculadas a un término general.
El empirismo de Hume es un empirismo psicológico que, como nuestro mundo de conocimientos y como experiencia de nuestra mente, se fundamenta en las percepciones. Estas se dividen en impresiones e ideas, las impresiones son vivas, intensas, y nos dan la precisión de los detalles; las ideas son difusas y apagadas. Las percepciones están ordenadas y reguladas por la ley de asociación regidas por tres reglas:
contigüidad y causalidad que se aplican al conocimiento de hechos, y la semejanza, que junto a la causalidad se aplica a las relaciones de ideas y que tienen conexión necesaria. Sin embargo, los conocimientos de hechos se producen por la creencia o hábio psicológico y no por la mera fantasía, y dichas creencias se producen en el mundo exterior, en Dios, y en la existencia del yo, pero de dichos conceptos metafísicos no podemos estar seguros ( escepticismo). Las ideas son representaciones, fenómenos de nuestra mente.
miércoles 8 de febrero de 2012
Hay que defenderse de la propaganda para tener un pensamiento independiente
En los estados de partidos estatales se fabrica el consentimiento de la "opinión" pública para medidas de gobierno nacionales e internacionales. Las personas decentes tienen que defenderse de toda esa propaganda del poder ejecutivo y sus medios de "comunicación" e "intelectuales" si quieren ser independientes:
http://www.youtube.com/watch?v=6vlgxgtoQoI
http://www.youtube.com/watch?v=6vlgxgtoQoI
martes 7 de febrero de 2012
STOP al imperialismo de los EEUU !!
La política exterior militar de EEUU es imperialista. ¿ Nuevas intervenciones de EEUU en América Latina?
http://www.youtube.com/watch?v=NPNgjmUhkrQ&feature=player_embedded#!
¿ invasión de Irán ?
http://www.youtube.com/watch?v=rutrNbkrhIA&feature=related
sábado 28 de enero de 2012
¿Cómo manipulan las mentes los medios de comunicación ?
Noam Chomsky elaboró las “10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios de comunicación
1. La estrategia de la distracción
1. La estrategia de la distracción
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad
3. La estrategia de la gradualidad
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad
Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…
9. Reforzar la autoculpabilidad
9. Reforzar la autoculpabilidad
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen
http://gramscimania.blogspot.com/2010/09/noam-chomsky-y-las-10-estrategias-de.html
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